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jueves, 22 de diciembre de 2011

Clásicos animados (VII) Charles Dickens.

Cuento de Navidad (Cuento navideño de fantasmas)


Marley estaba muerto, dicho sea para empezar. Sobre esto no podía haber duda de ninguna clase. El registro de su defunción fue firmado por el capellán, el escribano, el director de la funeraria y el encargado del cementerio. Scrooge también lo firmó. Y el nombre de Scrooge era digno de crédito en cualquier documento en que se viera estampado.
El viejo Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta, como se dice vulgarmente.











No tuvo otros tratos con espíritus, pero desde entonces en adelante, y siempre más, vivió en el principio de la abstinencia total, e incluso se dijo de él, después, que sabía como celebrar la Navidad de la mejor manera, si es que algún hombre posee en vida este conocimiento.
¡Que se pueda decir esto con razón de nosotros, de todos nosotros! Y también, como el pequeño Tim decía, ¡que Dios nos bendiga a todos y cada uno de nosotros!

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