simon_pedestal

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domingo, 10 de abril de 2011

Que lo limpia de barro y lo cuelga del cielo (VIII): Eusebio.



Hacia 1966 el mundo estaba "Under Pressure".

"Flambeau estaba en Inglaterra. La policía de tres paises había seguido la pista al delincuente de Gante a Bruselas, y de Bruselas al Hoek van Holland. Y se sospechaba que trataría de disimularse en Londres, aprovechando el trastorno que por entonces causaba en aquella ciudad la celebración del Campeonato Mundial de Fútbol. No sería difícil que adoptara, para viajar, el disfraz de eclesiástico menor o preparador técnico o masajista o periodista deportivo o de otra persona relacionada con el torneo. Pero la policía no sabía nada a punto fijo. Sobre Flambeau nadie sabía nada a punto fijo."

Tal y como ocurría en el relato La Cruz Azul , el primero de los entrañables misterios de El Candor del Padre Brown de G.K. Chesterton, un artista robó la Jules Rimet, la mismísima Copa del Mundo, que era exhibida al público en una iglesia de Westminster. Un robo ultrajante ante los ojos de la misma Scotland Yard. Por supuesto que se sospechó del famosísimo Flambeau, coloso del crimen, porque sus delitos eran siempre hurtos ingeniosos y de alta categoría. Pero cada uno de sus robos merecía historia aparte, y podría considerarse como una especie inédita de pecado. Se reflexionó sobre el caso seriamente: "El criminal -pensaba sonriendo el jefe de policía- es el artista creador, mientras que el detective es sólo el crítico."

Durante ocho angustiosos días estuvo perdida la Copa del Mundo, hasta que un perro que se llamaba Pickles la encontró olisqueando entre los setos de un jardín (curiosamente, el segundo misterio de El Candor del Padre Brown es el titulado El Jardín Secreto).

Y para colmo luego llegó Eusebio. Eusebio era morenito, negrito, pero no era brasileño (a éstos ya se les conocían sus habilidades balompédicas). Eusebio nació en territorio africano (la gente de aquella época pensaba que en África se había pasado de la lanza a la metralleta sin transición al esférico). Jugaba con Portugal porque nació en la ciudad de Maputo cuando Mozambique era aún el África Oriental Portuguesa. Hasta 1975, y gracias a la guerrilla del Frelimo (Frente de Liberación Mozambiqueño) no sería Mozambique independiente.
Los sistemas imperialistas coloniales europeos se caracterizaban por la sustracción y expoliación de las materias primas de las colonias, incluido su factor humano. De hecho, el África Oriental Portuguesa fue una histórica y rica cantera del comercio de esclavos. Los portugueses ya habían nacionalizado durante siglos el azúcar, el sisal, y la copra mozambiqueña. Cuando los técnicos portugueses destinados en la Colonia descubrieron que Eusebio era un gran futbolista... hala, el chaval a jugar para Portugal.

Si ya los ingleses con lo del robo de Westminster estaban algo tensos, cuando vieron que Eusebio era el mejor jugador del Mundial y su equipo jugaba contra Portugal una de las semifinales... Ufff, la presión de las gradas subió a 210-160 de media por espectador y se dieron numerosos casos de crisis de ansiedad en el mismo estadio de Wembley aquel 26 de Julio. En particular, los aficionados a la novela de aventuras, que al enterarse de los apodos que le ponían a Eusebio pensaron que se habían reeditado las obras completas de Emilio Salgari: "La Perla de Mozambique", "La Perla Negra", "La Pantera Negra de Mafalala", "La Pantera Mozambiqueña"... y así. Era como si Eusebio, al correr como corría y al conducir el balón (perla blanca) como lo hacía sin perderlo, huyese despavorido del acoso de todos los esbirros del Príncipe de los piratas malayos: Sandokán, que ultrajado quisiera recuperar a toda costa su perla perdida. Estaban asistiendo al título póstumo e inédito de Salgari: "La Pantera Negra de Mafalala contra los Tigres de Mompracem o el rapto de la perla blanca."

-Máximo goleador del Mundial 66: Eusebio.

-Campeón del Mundo 1966: Inglaterra.

Campeones los ingleses pero con la inestimable ayuda arbitral durante todo el campeonato. Los árbitros de aquel Mundial si que estaban "under pressure", y además con las imágenes de la televisión en directo, que por vez primera servía como imparcial testigo de sus descarados robos y atracos. Robos perpetrados al más puro estilo del genuino artista y sportman Flambeau: El hombre que no birló la Jules Rimet, pero que si se propuso robar las Estrellas Errantes.

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